THOREAU, HENRY DAVID
Octubre es el mes de las hojas pintadas. Su fastuoso resplandor se expande, en esa estación, alrededor del mundo. Del mismo modo que los frutos, las hojas y el día en sí adquieren un matiz brillante justo antes de su caída, el año también se encamina hacia su ocaso. Octubre es su cielo al atardecer; noviembre, la última luz crepuscular. Los árboles, como decía Buda, esas generosas criaturas que brindan su sombra incluso a quienes se disponen a talarlos, esos seres majestuosos e indispensables para la existencia del planeta, y que ofrecen en el otoño, a quien quiera detenerse a observar, la más delicada y hermosa de las policromías, son los protagonistas de este delicioso libro. En este lúcido ensayo del autor de Walden, va describiéndose, con delicada precisión, la belleza de los robles escarlata, los olmos, o las distintas variedades de arces, y van dejando esparcidas entre sus magistrales páginas, con un estilo exquisito y un profundo amor por la Naturaleza, sus hojas ocres y doradas, sus formas brillantes y sus únicos e insuperables colores.