PALOMEQUE, AZAHARA
En una buhardilla sin aire acondicionado, durante las noches más calurosas del verano, Azahara Palomeque escribió los versos de Febril y lluvia: un poemario íntimo y político, erótico y ecológico, donde la imagen de la sequía (sentimental y ambiental) va perfilando en cada poema un relato lírico intenso sobre la sed y la resiliencia: un cuerpo que arde igual que el planeta, un país que se seca mientras los turistas fotografían sus ruinas, un amor que se aferra a la piel como última forma de lluvia posible. El libro avanza en tres movimientos que funcionan como un mapa emocional. Primero la espera, bajo el título de «Solastalgia», un término que nombra la angustia de ver transformarse el propio paisaje sin moverse de él. Después la despedida, la parte más extensa, donde el colapso climático convive con un colapso social. Y por último el amor, ruinas de latido, donde el deseo se convierte en la única forma de sentido que queda cuando todo lo demás se derrumba. Palomeque teje un díptico entre la fiebre y el agua, la sequía y el deseo, la pérdida y la ternura doméstica, con una fisicidad que actualiza la tradic