FIÓDOR M. DOSTOIEVSKI
El planteamiento es tan sencillo como inaudito: un buen día, paseando junto a su esposa por una galería comercial de la más importante avenida petersburguesa, el funcionario Iván Matvéich es engullido vivo por un cocodrilo que se encuentra expuesto como atracción turística. A pesar de las súplicas que la mujer lanza al propietario del animal, este se niega a abrirle el vientre para sacar a Iván, que se encuentra instalado en el interior de la bestia más confortablemente de lo que cabría esperar.